Sobre cigarras y gente que celebra cumpleaños

Ayer puse en Google “insecto que se oye en las películas anime”, porque he oído ese ruido mil veces, pero jamás recuerdo que son cigarras. Me he vuelto a reenganchar al anime, esta vez con las pelis de Mamoru Hosoda, el que dicen algunos podría ser el nuevo Miyazaki. Más allá de comparaciones, cada vez que veo anime, incluso aunque la película no sea necesariamente magistral, un cúmulo muy concreto de estímulos me invade, como si todas supieran tocar las teclas necesarias para llamar mi atención. Como con el ruido de las cigarras, o con el estilizado diseño de los personajes (dándole una merecida patada en el culo, en todos los sentidos, a las proporciones del realismo), o como con un sentido exquisito de la belleza, que va desde la percepción del lápiz hasta planos que son puro arte pictórico. Cuando la película anime es buena de verdad, el placer es completo. Hay que congraciarse con la gente que no se avergüenza de hacer arte, y con, imagino, una industria que les permite hacerlo.
El cine de animación, paradójicamente, no es el que más me atrae a la hora de pagar una entrada, pero también es cierto que el anime en concreto brilla por su ausencia aquí en salas comerciales. Por lo demás, es verdad que Pixar ha hecho peliculones, pero el resto, aunque con excepciones, suele dejar bastante que desear; muñecos simpáticos y guiones generalmente estúpidos (potables, quizá, pero estúpidos). Pixar aparte, no se suele distribuir un cine de animación que pueda considerarse rico ni complejo. Y hay cada vez más.
Que no sea culpa de la gente que celebra cumpleaños…
Es una forma de decirlo (más o menos); la mayoría de la gente es el target y la única condición para hacer una película que tienen la mayoría de productores (que le f… al arte).
La mayoría, casi todos… o incluso gente que va al gimnasio. Es difícil nombrarles, porque son tantos que tienen sus diferencias (aunque poco importantes, o se ponen nerviosos) entre ellos. De entre ellos está también esa gente que hace cosas como madrugar incluso cuando no están obligados para hacer eso que ellos llaman “aprovechar el día”; esa gente que se levanta a las siete y luego va todo el día durmiéndose por las esquinas, que si siesta, que si peli mal vista, que si manta… Y aun así tienen los huevos de darte lecciones sobre lo sano e inteligente que es su estilo de vida. Y yo mientras tanto me quedo sin anime en sala grande.

cigarra

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