10 motivos por los que las publicaciones digitales no dejan de hacer artículos tipo “10 motivos…”. El octavo te sorprenderá.

1- Efectismo=Visitas=Dinero. Quizá.

2- Porque la mayoría de sus lectores potenciales son no-lectores.

3- Porque es más fácil que escribir de verdad (para muestra el texto presente).

4- Porque así cada punto es una etiqueta (y la gente se corre sobre las etiquetas).

5- Porque algún “community manager” o similar, que aun con un currículum impecable (o quizá por ello) sólo funciona con diez frases hechas, y cuya creatividad fue asesinada en la escuela primaria, toma decisiones y se le hace caso.

6- Porque se asume que los lectores son idiotas.

7- Porque quien escribe el artículo cobra, y los que lo leen creen que leer no tiene sentido si no les van a pagar por ello, algo que sabe quien lo escribe, porque con toda probabilidad piensa igual. (Ampliación del punto uno).

8- Porque la mayoría de las publicaciones digitales son objetivamente una puta mierda.

9- Porque hay que dedicar más tiempo en que la web “entre por los ojos”.

10- Tu puta madre en bicicleta le va a comer los huevos al portero (porque probablemente pocos van a llegar al punto diez).

¡Uuuuh uaaaah, wooooh! qué chachi es nuestra época :) :D :M.Vnd,fg,

¡Uuuuh uaaaah, wooooh! qué chachi es nuestra época 🙂 😀 :M.Vnd,fg,

Anuncios

El bloqueo del lector

La verdad es que el título da unas ganas de mierda de leer, pero es el adecuado. Tampoco sé cómo voy a enfocar el tema. Mientras tanto, caigo otra vez en el tópico de reactivar un blog con una o hasta dos actualizaciones diarias hasta que cese la frescura, las ideas o qué sé yo.
Hace un par de días vi un vídeo de un canal literario de youtube. Algunos sabréis que dichos canales los suelen llevar chicas muy jóvenes cuya idea de una buena novela tiene que ver con si esta te hace llorar o no. Pero, como siempre, generalizar a veces es inevitable (o hasta necesario) pero también un error. En el vídeo que vi, la chica en cuestión hablaba del bloqueo del lector, aunque lo abordaba desde el enfoque de quien ya lee por hábito; de modo que daba consejos sobre cómo no bloquearse entre libro y libro por culpa de la indecisión o el “agotamiento”, entre otras cosas. Todo lo que decía tenía sentido, y yo creo que más incluso que lo que la gente llama “el bloqueo del escritor”, cosa que no es que yo diga que es un mito, pero sí algo muy poco habitual, ya que creo que la mayoría de veces, cuando alguien se queda en blanco no es por un misterioso bloqueo, sino simplemente porque no ha estado dando de comer al coco ni ha ejercitado lo suficiente la imaginación (no ha estado leyendo, ni viendo cine, etc., no ha preguntado, no ha curioseado…)
Pero el bloqueo del lector… eso ya son palabras mayores. Y más cuando vamos un poco más allá y hablamos del bloqueo del lector de, digamos, toda la sociedad. Lo cual más que un bloqueo es un eterno periodo de posguerra lectora.
De una guerra en la que, curiosamente, las bombas las estuvieron tirando los centros educativos…
Más allá de las terribles secuelas de la lectura obligatoria, que se ha cobrado más vidas que cualquier dictador o ejército, me llama la atención cómo los años del colegio –o el instituto, la universidad o el máster o demás medallas– han conseguido no solo bloquear la capacidad lectora de la mayoría de la gente, sino también convencerles de que dicen la verdad cuando alegan que no tienen tiempo. Nuevamente una generalización; pero seguro que se me entiende. La realidad no suele tener que ver con lo que la gente no puede hacer, sino con lo que no quieren hacer. Una base corrupta, un espíritu atrofiado, por decirlo así, se convierte en algo indispensable para algunas personas; indispensable en cuanto a poder creer que han logrado un grado de felicidad suficiente para no tener ganas de despeñarse.
La verdad es que la «gente normal» es el tema que más da de sí. Es donde más mierda soterrada, disimulada y aceptada vas a encontrar. La gravedad de la misma cada cual la decidirá. Yo, personalmente, puedo entender (aunque no compartir) los motivos que tiene un terrorista para hacer lo que hace. Pero ¿la gente normal?, ni ellos saben qué mierda les pasa; tienen una vaga idea del control consistente en contar monedas, y poco más.
Las personas normales dicen que cuando llegan del trabajo no quieren pensar, y se ponen a ver Lo Que Sea en la tele.
Hay un problema con lo de pensar, la gente asocia el pensar a cosas increíblemente aburridas o desagradables. No leer porque supone un esfuerzo tiene el mismo sentido que no follar porque supone un esfuerzo. Esta última frase necesita un momento de reflexión; aunque a algunos les parezca mentira, es completamente cierta.
Siempre podría saltar alguien y decir que a veces no folla con su mujer por cansancio.
Esa frase necesita bastante menos reflexión que la otra, basta con pensar “mal”.
La gente no lee no porque no puedan, no porque estén demasiado cansados, no porque sus vidas sean un no parar. La gente no lee porque son lo suficientemente idiotas, porque un título actual, aunque sea universitario, no te libra de ser idiota. Y son idiotas porque no leen.

leer

Películas meh…

Seguro que alguna vez te has comido un arroz del que esperabas más. Tenías hambre y el plato tenía buena pinta. Pero pronto tienes que admitirlo; el arroz está soso. Está bien, aceptable, comestible, está… sosete. Es como beber agua del grifo. No te mueres de sed, pero es agua del grifo.
No hay que dejarse llevar más de la cuenta por las críticas de cine, obviamente; pero cuando a mí más me influyen es cuando todas dicen más o menos lo mismo de una película; algo como: meh…
Cuando me compro la entrada (¿tengo que recordar lo ridículamente caro que es el cine?), espero una película al menos mínimamente por encima de la media. O al margen de la media. Prefiero desconcierto a academicismo. Prefiero críticas contrapuestas a un tibio acuerdo general. Prefiero que, a la espera de una película que tengo ganas de ver, alguien me diga que “es basura” a que “no está mal”.
Las pelis sosas ya las veo en casa, incluso a veces disfruto las malas.
Y por cierto, me da igual de dónde sea la peli. Si escucho a algún actor de promoción diciendo que hay que ir a verla porque es española, para mí solo es otra forma de decir que es mala pero española, y que por tanto hay que apoyarla. Ya tenemos suficientes banderas por todos lados como para incrustarlas también en las entradas de cine.
Sosos o academicistas, me da igual. La taquilla no se mendiga en entrevistas, lo que se hace es volcar tus puñeteras tripas en el guión y la dirección, y así me dará lo mismo si la bandera tiene un mojón con un fondo blanco: iré a ver la peli. Probablemente incluso el gran público vaya a verla, por mal educado que esté ya.
Pensar que antes la gente iba a ver sesiones dobles y triples de cine, y ahora no se pueden aguantar ni una hora antes de sacar el puñetero Iphone… Arroz hecho por mí os daba a todos.
¿Existen los prejuicios constructivos? En todo caso, todos –en mayor o menor grado– tenemos prejuicios, así que al menos uno tiene que pulir los suyos…

What in the World??

Enséñame la pasta

Hace poco oí a alguien muy joven decir que la gente no estudia por un afán de conocimiento, ni porque el saber no ocupe lugar, ni porque sean necesariamente inquietos, tengan ganas de conocer muchas materias o piensen que podrían poner su granito de arena para mejorar las cosas. Cosa que yo creo que es bastante evidente. Pero de dicha reflexión se pueden derivar muchas otras, y sumamente interesantes.
En realidad, la gente estudia para “tener un futuro”.
Para “ser alguien”.
Para tener más “oportunidades”.
Todo lo cual son eufemismos elegantes para vestir la única verdad sobre lo académico que existe en la actualidad, el único motivo, o al menos el motivo por excelencia por el que la gran mayoría de gente abre un libro.
La gente estudia para ganar dinero.
Y nos hemos encargado de que eso no tenga matices, o de que tenga los menos posibles; y lo hemos vestido de cierta clase de ética amable, de responsabilidad, cuando es una actitud que sólo viene a cubrir –potencialmente– un impulso simple y llanamente individual, material (por no decir directamente industrial).
Esta es la primera acepción de la definición de estudiar:
Estudiar: Ejercitar el entendimiento para comprender o aprender una cosa.
Como veis, ninguna mención al dinero.
La segunda:
Cursar estudios en las universidades u otros centros docentes.
¿Se podría decir que aquí se menciona el dinero de forma indirecta? ¿No debería ser esta la primera acepción teniendo en cuenta lo que la gente entiende por estudiar?
La tercera:
Examinar atentamente, analizar.
Uh…, ¿una incursión sutil del diccionario en la ciencia-ficción? ¿Quién se detiene hoy en día examinar algo atentamente, o a analizarlo? Como sea, nuevamente no se menciona el dinero. De hecho, se podría decir que la actitud que describe esta acepción, en nuestro contexto social, es mucho más fácil que te sirva para perder dinero que para ganarlo. Con suerte te quedarás igual.
Si os fijáis, además de no mencionarse el dinero, tampoco se menciona la memorización, lo cual teniendo en cuenta cómo funciona la Educación aún, es como escribir la definición de sequedad sin mencionar la carencia de humedad.
Ni dinero ni memorización (hasta se podría acotar a: memorización mecánica). Y seguro que hay muchas otras palabras, algunas bastante duras, que se podrían incluir y tendrían mucho más que ver con la idea actual de estudiar que las mencionadas en el diccionario.
Lo que pasa es que el diccionario es buena persona, y te dice las cosas con buena intención.
La verdad es que yo estoy de acuerdo con el diccionario, aunque ya esté lejos de definir lo que significa para cualquier mente cuerda estudiar.
Lo que me lleva a la idea de que igual no estoy muy cuerdo.
¿Pero si la cordura la define el dinero…?
Es un poco lío, pero supongo que quiero decir que el condón es un gran invento, y tener hijos para que estudien sin que la definición real sea la del diccionario, una mala idea.

cerdo

Sobre cigarras y gente que celebra cumpleaños

Ayer puse en Google “insecto que se oye en las películas anime”, porque he oído ese ruido mil veces, pero jamás recuerdo que son cigarras. Me he vuelto a reenganchar al anime, esta vez con las pelis de Mamoru Hosoda, el que dicen algunos podría ser el nuevo Miyazaki. Más allá de comparaciones, cada vez que veo anime, incluso aunque la película no sea necesariamente magistral, un cúmulo muy concreto de estímulos me invade, como si todas supieran tocar las teclas necesarias para llamar mi atención. Como con el ruido de las cigarras, o con el estilizado diseño de los personajes (dándole una merecida patada en el culo, en todos los sentidos, a las proporciones del realismo), o como con un sentido exquisito de la belleza, que va desde la percepción del lápiz hasta planos que son puro arte pictórico. Cuando la película anime es buena de verdad, el placer es completo. Hay que congraciarse con la gente que no se avergüenza de hacer arte, y con, imagino, una industria que les permite hacerlo.
El cine de animación, paradójicamente, no es el que más me atrae a la hora de pagar una entrada, pero también es cierto que el anime en concreto brilla por su ausencia aquí en salas comerciales. Por lo demás, es verdad que Pixar ha hecho peliculones, pero el resto, aunque con excepciones, suele dejar bastante que desear; muñecos simpáticos y guiones generalmente estúpidos (potables, quizá, pero estúpidos). Pixar aparte, no se suele distribuir un cine de animación que pueda considerarse rico ni complejo. Y hay cada vez más.
Que no sea culpa de la gente que celebra cumpleaños…
Es una forma de decirlo (más o menos); la mayoría de la gente es el target y la única condición para hacer una película que tienen la mayoría de productores (que le f… al arte).
La mayoría, casi todos… o incluso gente que va al gimnasio. Es difícil nombrarles, porque son tantos que tienen sus diferencias (aunque poco importantes, o se ponen nerviosos) entre ellos. De entre ellos está también esa gente que hace cosas como madrugar incluso cuando no están obligados para hacer eso que ellos llaman “aprovechar el día”; esa gente que se levanta a las siete y luego va todo el día durmiéndose por las esquinas, que si siesta, que si peli mal vista, que si manta… Y aun así tienen los huevos de darte lecciones sobre lo sano e inteligente que es su estilo de vida. Y yo mientras tanto me quedo sin anime en sala grande.

cigarra