Mr. Robot. A las plegarias de Alan Moore

Hace un tiempo leí en una entrevista a Alan Moore una declaración que me pareció tan acertada como digna de apuntarse. Esto no es difícil encontrarlo en Alan Moore; da igual que uno quiera encasillarse en el equipo de “los normales” mientras le cataloga a él como un extravagante más; una práctica muy generalizada, por cierto, aunque servidor intenta apartarse de eso gradualmente. La mayoría de veces, creo, la gente a la que se considera rara o ida o descentrada, no es más que gente con personalidad; con una de verdad.

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Alan Moore dijo que hoy en día, con la situación social que se vive a varios niveles, con lo extraña, cruel y absurda que es nuestra época, es deprimente que se estén produciendo sin parar según qué películas y obras que no son más que derivados de cosas que ya se han hecho. Me pareció que tenía razón, hasta tal punto que resultaba doloroso.
Hay pocas, realmente pocas películas u obras de gran consumo en general, que aborden qué clase de gente somos la que ahora habitamos el mundo, cómo nos enfrentamos a él (y a nosotros), cómo pasamos de él, cómo nos excusamos, o cómo evitamos (o no) pensar qué se podría hacer para mejorarlo más allá de cuentos democráticos de hadas.
Cuando vi el primer capítulo de Mr. Robot, y más allá de entrar a analizarla por su calidad, me pareció que era uno de esos raros casos en los que una ficción de gran tirada era valiente y tenía los arrestos necesarios para ser una historia sobre nuestra época. Sobre personajes que se encuentran en la frontera entre la inopia de espíritu y un despertar. Entre el “inteligente” conformismo enrabietado para todo lo que llegue, y el puñetazo sobre la mesa. Personajes que no dudan en llamar zombis a todos aquellos que encajan en el equipo de “los normales”. Un personaje central cuya hiperbólica –si se quiere– composición, hace que las dos o tres actitudes más habituales de casi todo el mundo para afrontar la vida, resulten estúpidas, ignorantes, y sobre todo egoístas y dañinas.
Seguro que en todas las épocas cuecen habas, como se podría decir, pero hay que reconocer que los enemigos son cada vez más invisibles, y la capacidad de negación de todo el mundo respecto a ellos, más y más sofisticada. Es harto complicado despegarse todas las etiquetas y decir: “Vale, el mundo tiene sus cosas buenas, pero si hay que generalizar, el mundo es una gran mierda. Una mierda alambicada y retorcida; da igual que a mí no me salpique”.
No hay que pensar mucho en ello; cada uno tiene enseguida un motivo en su entorno para entenderlo. Yo ahora sólo tengo que pensar en el debate España/Cataluña, algo que ahora copa y ocupa todo aquí, y de lo que, entre el pueblo, sólo se van a beneficiar los vendedores de banderas.
Suma y sigue, Mr. Robot.

Ejércitos de pilotos automáticos

La luna llora y el sol sonríe y mi abuelita era tan buena. Recuerdo sus manos suaves y ajadas. Y ¡hum…!, también sé enfadarme, líricamente enfadado; mira: putas que tienen historias de amor y esquinas y cáncer del alma y chorros de semen, amo la luna como al alcohol y al sol porque podría dejarme ciego. Hum… sí, estoy que trino, me hago el verso libre encima. Pero sé ser amable; oh, mi madre, qué sería de nosotros sin todas las madres, y mi gato, mi perrito que me quiere más que los humanos y hace lo que le mando porque me quiere. Una puesta de sol, ¡mira! Filtro “Verano azul”.
Poesía: te veo, me ves, te dejo, me dejas, me voy, te digo, me dices, sonrío, sonríes, te acaricio, me acaricias, una lágrima, me la bebo, contornos borrosos para infundir más encanto… Pero ¡hum!, también sé ser realista: deja que se vaya, vive y deja vivir, levántate y camina; si te caes, levántate, vuelve a intentarlo. Realista y optimista: hazlo otra vez, no te rindas, puedes tener lo que quieras. Respetuoso y profundo: Mi abuelo decía que más vale un plato de garbanzos que (inventar aquí). ¿Cómo tan sensible?, la humildad y la sencillez. ¿Cómo tan peleón?, palabras sorpresivamente esquinosas para expresar arrebatadores sentimientos: escupitajo, amputación, sol sangriento.
Oh.
Me dejo llevar, mira mis alas, estoy llegando, mis abuelitos muertos allá arriba. Llego y me dicen: Escribes muy bien. Hum… y también te enfadas con mucho estilo, y, oh, eres también tan realista; con los pies en el suelo y a la vez poético y amplio de miras. Mirad, les dices, sé improvisar: “Encanto y desencanto, dolor y placer, Cielo e Infierno…”
Persona de la misma sangre, nos desarmas, debes haber follado tanto y tan variado…
“… azúcar y sal, tormenta y tormenta de verano, Noche y Día. Jabón para el alma…”
¿Estamos soñando? Esto te llega muy adentro.
“…dulce de leche, tu abuela te sirve y te sonríe…”
Qué orgullosa estoy de salir en tu texto.
“amebas, peces de colores, amianto, camino embarrado hacia tu corazón…”

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Por mí, bien

Es mi entrevista, pero no estoy solo con el entrevistador. Hay alguien más. Está atado, sujeto a una silla, amordazado con un calcetín grueso (y seguro que sucio). También hay un tipo en un rincón, lleva una bata azul, y a su lado hay una mesita con todo tipo de delicados aparejos y jeringuillas. Parece todo muy sofisticado. Profesional.
–¿Tú eres el chico de la entrevista?
–…
–¿No te importará que atienda mientras tanto este otro asunto…?
–…
–Tú no te preocupes, seguro que sabes de qué va, es como sacar la basura, pero un poco más largo… Pínchale, Fredo, se me va.
Fredo es el tipo de la bata. El de la silla recibe golpes, y le están sacando los dientes uno a uno. También las uñas. Ahora iba a perder el conocimiento.
–Verá –digo–, traía mi currículo conmigo, si lo quiere ver.
–Eso luego, chaval, ahora lo mancharía. Además me han hablado bien de ti. Estómago de hierro, me han dicho. Rapidez mental. Manos rápidas. Puntería. ¿Me equivoco?
–Ajá, bueno… No me dedico a… sacar la basura, si es de lo que me está hablando.
–Oh, no, no necesariamente, en principio solo necesito alguien que no sea muy alérgico al papeleo. Disculpa. ¡¿Vas a cantar o no, gilipollas?!…
–¡¡¡Mhhnnmmm!!!
–Disculpa. El caso es que no necesito a nadie para trabajo de campo. Solo alguien preparado administrativamente, alguien que sepa cómo funciona el mundo laboral, los negocios. Me entiendes, ¿no?
–Entiendo.
–¡¡¡¡Mhhmmm!!!!
–¡¿Si te quito el calcetín vas a cantar?!
–¿Qué ha hecho, si no es mucha molestia preguntar?
–Oh, no es molestia, simplemente es hombre muerto…
–¡¡¡Mmmhhhhhhhh!!!
–… ha estado husmeando donde no debía. Concretamente se quería llevar un buen pellizco. Y además creo que además ha estado intentando trajinarse a mi mujer. ¡¿No es así, Huguito?!
–¡¡¡Mhhn!!!
–¿Y… bueno, qué información quiere de él?
–Oh, eso, no… ninguna…
–Como antes ha dicho que…
–Oh, sí… es por la costumbre. No, esto solo es el paquete básico de tortura.
–Entiendo.
–El problema de la tortura es que si los dejas vivos, en fin, ya sabes…
–¡¡¡Mhhmmmhhn!!!
–¿Y se suele alargar mucho…?
–Bueno, normalmente no pensamos en eso, trabajamos en ello hasta que no podemos reanimarle más. Fredo es bueno; a veces, si no se acumula la faena, pasamos días con uno de estos tíos, a veces un par de semanas. Pero si es mujer somos más benevolentes.
–Qué paciencia…
–El trabajo lo es todo, muchacho, hay que sacrificarse, uno no puede sobrevivir si no pasa algunas noches en vela. Y cada día estoy ya duchado y en marcha a las 7 de la mañana.
–Admirable.
–¡¡¡¡¡Mmnhhhhh!!!!!!
–¡Haz el favor de…!
Le quedan cinco uñas. Los dientes, es difícil saberlo. No sé bien qué le inyecta el tal Fredo. Fredo el silencioso se pone una mascarilla, le alcanza una a mi –si tengo suerte– futuro jefe, y me da otra a mí.
–Es mejor que te la pongas, muchacho, este tipo aún no ha comenzado a mearse y cagarse encima, pero pronto lo hará. A veces es por toda esa mierda que le inyecta Fredo…
–Ya veo…
–Me llaman Tupac, por cierto, me puedes llamar así.
–Por mí bien, Tupac.
Por ahora diría que todo va bien. El lugar es acogedor y el tipo parece más responsable que mi anterior jefe. El tal Hugo moquea y llora. Atiendo algunos mensajes en mi móvil. Mi madre, mi novia. Les digo que esperen, que aún no sé nada, no puedo saber bien aún si me van a contratar. Puede que hasta ahora todo esto solo haya sido cortesía. Te dicen el nombre, te dan la mano, hacen mientras tanto alguna otra labor para que no estés nervioso, se disculpan… Es como cuando haces el examen de conducir y tu examinador se pone a hablar amistosamente con tu profesor sentado atrás. En realidad lo hacen más por ellos que por ti, quieren proyectar una imagen de temple. Es ese Relajar el Ambiente de modo artificial. Como sea, no me parece mal.
–Así que tienes experiencia en el sector, ¿no?
–Bastante, señor. Lo dejé un tiempo por lo estudios. También salí al extranjero, de Erasmus.
–¡¡¡Mmmnhhhh!!!
–Oh… el Erasmus, recuerdo mi Erasmus. Londres, niñas por todas partes, me lo pasé tan… bien, si me entiendes, que fue un milagro que no se me cayera la polla infectada a trozos. ¡¡¡¿Me has oído?!!! ¡Follar! ¡Otra de esas cosas que no vas a volver a hacer! Y todo por intentar follarse a quien no debía…
–…
–¡¡¡¡Mmnhhh!!!!
–No malinterpretes todo esto, chico. Normalmente es cuestión de negocios, es solo que este mamón ha hecho doblete, nos ha querido joder el dinero y también quería joderse a mi mujer. ¿Eh, Huguito?…
–No se preocupe, por mí bien.
–¡¡Mhn!!
–El caso es que necesito… eso, lo que decía, alguien que pueda pasarse ocho horas con los asuntos legales, atendiendo al teléfono y demás. Soy muy estricto con eso, todos lo somos en la empresa. Lo queremos todo legal, nada de mangoneos, nada de chanchullos. A la más mínima nos ponemos alerta. Y me han dicho que eres alguien perfecto para eso.
–Bueno, no sé si soy perfecto, pero doy el cien por cien, señor.
–Hum… ¿has visto, Huguito?, un chico como es debido, un chico que sabe cómo tratar con su Futuro…
–Señor…
–… un chico con estudios y herramientas para salir adelante. Dime, chico.
–Insisto, me gustaría, si no está de más, que viera mi curr…
–Oh, sí, luego, todo a su tiempo…
–¡¡¡Mmhhnnhn!!!
–Te voy a quitar el calcetín, Hugo, para que te explayes, para que digas tus últimas palabras… Y ten en cuenta que has tenido suerte, porque te quedaban aún muuuuuchas horas… Dale las gracias a este chico. Venga.
–¡¡¡¡Por Dios…!!!! –Suena afónico, suena a clásico–. ¡¡¡No me mate, por Dios!!! ¡No quería nada con su mujer! ¡¡Écheme si quiere, pero no me mate, tengo hijos!! ¡¡Tengo mmmhnhn!!…
Tupac le vuelve a meter el calcetín en la boca.
–¿Te has dado cuenta, muchacho? Ahora es cuando te dan lo que les pedías. ¿Y qué les pedías, joder?, solo un mínimo de honestidad, un mínimo de esfuerzo, solo la suficiente dosis de su verdad. ¿Tanto es, muchacho?
–En absoluto, señor.
–¡¡¡Mhnnnnhnhn!!!
–Y en lugar de encomendarse a Dios, en lugar de pedir perdón e intentar salvar su apenas licenciada alma, va y se pone a lloriquear… ¿te das cuenta, chico? A veces el mal ejemplo te enseña más que el bueno. Y te lo voy a confesar, por eso me gusta hacer las entrevistas mientras saco la basura. No me malinterpretes, ya sé que no eres un novato, pero es… esto es inspirador. La sangre, el hedor, el pis, la mierda… Es como el ejemplo definitivo.
–Estoy de acuerdo, señor.
–¿Ves?, te dije que se iba a cagar encima. Suelen hacerlo cuando se dan cuenta de que van a morir. Justo cuando saben de una vez por todas que la vida no es un paseo.
–Vaya, gracias por la mascarilla, debo decir.
–Un placer, muchacho.
Es verdad, los pantalones comienzan a teñirse de oscuro, líquido y sólido, marrón y amarillo apagado.
–Lo peor es cuando se les seca la mierda y el pis y demás, es un hedor insoportable, pero no te preocupes, vamos a solventar esto enseguida, siento entretenerte, no sé si…
–No se preocupe, no tengo prisa.
–Claro que no, disculpa, sabes priorizar, sabes que hoy era el día de la entrevista, los rumores que me llegaron sobre ti van cogiendo forma.
–¡¡¡¡Mnnhhh!!!!
–Soy yo el que siento haber interrumpido, espero no estar interfiriendo en los tiempos de…
–¡No!, tranquilo, no nos cronometramos ni nada de eso, ni nos ponemos estrictos con los tiempos a la hora de sacar la basura, al fin y al cabo lo importante es sacarla, estés dos horas o dos días.
Todo el tiempo mientras habla, Tupac suelta de vez en cuando un puñetazo, o hace uso de los alicates, con no demasiada destreza. Se le dan mejor las uñas. El calcetín ya es completamente rojo, empapado en sangre hasta el punto de brillar, de chorrear. Sangre oscura, y parece que también caliente. Yo sujeto mi carpeta, espero paciente, ignoro los ruidos que llegan de mi móvil. Todo a su tiempo. Es un buen consejo.
–¿Sabes qué me da rabia?, pensar en esos tiempos en que los jefazos supremos no se manchaban las manos, cuando se limitaban a dar ordenes por un puto teléfono o por correo electrónico; lo mejor que le ha pasado al capitalismo es que los sicarios hayan entrado en desuso. Aquello era vergonzoso. Y no solo eso, encima casi todos los gilipollas, como éste de aquí, casi todos se libraban, todas las empresas estaban llenas de putas chupopteras, en el peor sentido. Todo lleno de vagos y cabrones aprovechados. Los negocios eran cosa de niñitas, todo lleno de políticos pseudo derechistas que se bajaban los pantalones con tal de que pensaras que eran de centro, pero eso ya se acabó. Al final todo llega, muchacho, todo llega a su debido momento. Todos aprenden a sacar la basura tarde o temprano.
–¡¡¡¡¡Mmmmhhhnhmhn!!!!!
–Quería hacerte las uñas de los pies, pero te vas a librar, Huguito, este centro de estética ha de cerrar ya hoy…
–¡¡¡¡¡¡¡Mhnnmnnhmhnhmnh!!!!!!!
–El cuchillo, Fredo.

Luego estamos sentados en el despacho de Tupac. Decoración minimalista, relajante, el olor es agradable, hay plantas, todas naturales. He tenido que esperar a que mi potencial jefe se lavara. Su secretaria me ha servido galletas saladas y agua. Sigo con mi carpeta en las manos.
–Bueno, chico, siento la espera.
–No hay problema, señor.
–Déjame ver esa hoja de méritos.
Se la entrego. Lee cada línea con atención, creo que teniendo muy en cuenta el tiempo que llevo ya aquí. Asiente, asiente.
–Hum…
Asiente.
–Hum…
Hacia la tercera hoja comienza a leer en vertical. La verdad es que apenas me molesta. Creo que en la cuarta decide obviar el apartado de mis aficiones.
–Esto es justo lo que me habían dicho. Dedicación, chico, alguien que se presenta en los sitios con los deberes hechos. Detecto un buen montón de madrugones y cafés entre todas estas líneas, ¿me equivoco?
–Era mi deber, señor.
–Por supuesto, por supuesto… Un jodido montón de horas de estudio. Estas hojas, estas cosas, te lo aseguro, hacen que cualquier padre o jefe, o cualquier maldito bicho viviente con dos dedos de frente se sienta orgulloso, orgulloso porque aún hay esperanza para todos.
–Gracias, señor.
–Lo que temo es que, con tantos méritos, quizá te aburras haciendo lo que necesito…
–…
–¿Percibo dudas?
–En absoluto, señor, iba a decir que no he venido a divertirme, aunque luego me ha parecido inadecuado.
Tupac comienza a reír a carcajadas. Saca un puro de algún cajón cercano a su barriga. Se lo enciende con esmero, mientras se va apagando su ataque de risa.
–Sabía que eras de los míos. Ya pasaron los tiempos de aquello que llamaban Vocación, ¿verdad?, todos tan orgullosos, toda aquella apología del Disfrutar con tu Trabajo, los niños tenían que divertirse, los adultos tenían que sentirse copados y llenos; pero ¿cómo demonios encaja eso en…?
Tupac deja los brazos en el aire, agitándolos, mostrando incomprensión y gran desaprobación.
–Tú sabes tan bien como yo, chico, que con todo ese rollo las arterias de este bonito mundo se atascan. Con todos esos idiotas fumando porros o vaciando de pupitres las clases de primaria para ganar en vete a saber qué…, todos esos amanerados de pacotilla, que ni siquiera se duchan hasta que no pueden soportar su propio hedor… ¿Sabes qué le digo a mi mujer cuando me apetece irritarla?
–Qué, señor.
–“¡Menuda es nuestra hija, todo un portento, está hecha todo un hombre!”
–…
–Y mi mujer hace que no con la cabeza, como si ella no pensara lo mismo que yo, como si yo fuera cerrado de pensamiento… Hasta que comprende que es el propio mundo en que vivimos el que es cerrado, y que yo solo me adapto, y de esa forma he educado a mi hija, que ahora es toda una empresaria de 28 años. Ella no es la mandada, es la que manda, ella no es la vejada, es la que veja, ella no es la violada, es la que viola, ella no muere, ella MATA, chico. MATA.
–Le comprendo.
–Y no estoy jugando con asquerosas metáforas. El mundo son hechos, el mundo es literal, y yo soy quien palpa, yo también soy literal, yo soy físico al menos hasta que muera, y lidio con un mundo físico, con un mundo que no admite el riesgo en exceso, y cuando te excedes, cuando arriesgas más allá de los límites que te han enseñado tus mayores, ese rollo te deja en la calle. Por gilipollas.
–Lo capto, señor.
–Como Hugo, Hugo era un gilipollas. Lo de antes no ha sido un asesinato, ha sido prácticamente clemencia. La mejor de la que soy capaz. Sé que sueno demasiado, ¿cómo lo dice mi mujer?, demasiado Rotundo… Pero nadie necesita más de lo que yo tengo. Tengo todo lo que necesito, y también lo que deseo, tengo mis necesidades cubiertas, y también los caprichos. Porque yo me mancho, yo madrugo, yo echo horas como un burro, descarto, admito, observo, determino, valoro, selecciono. Como a ti. Yo tengo que hacer todas esas cosas, y de ese modo la maldita rueda de los alimentos sigue girando.
–Cierto, señor.
En ese momento entra la secretaria, parece que con algunas cosas para mí. Se vuelve a ir, rauda.
–Gracias, Clarita.
–…
–¿Sabes qué es eso, chico?
–…
–Eso es la prueba de que estás contratado.
–…
–Como lo oyes. Ya trabajas para la firma. Y te espero aquí el lunes, con las pilas puestas, con la misma determinación de hoy. Y todo saldrá a pedir de boca. Te va a ir bien, muchacho.
–M… muchas gracias, señor, no sabe cómo…
–No me des las gracias, esto solo es el fruto de tu esfuerzo.
Es un traje de chaqueta, también una corbata. Algo así como un obsequio. Una bienvenida. Ahora solo queda lo más tirado de todo, el protocolo, la muestra de buena fe. Tupac se pone de pie y rodea la mesa.
–Bueno, chico, seguro que ya sabes cómo va.
Perdí la virginidad en términos de entrevista laboral hace ya unos años. Pero cada nueva ocasión, en cada entrevista, siempre teme uno no estar a la altura. De modo que me arrodillo y agarro la pequeña erección de este hombre gordo y benevolente.
Succiono de la mejor forma que sé.
No me dejo el escroto, y luego me meto el pene una y otra vez hasta el fondo, aunque no llega ni para atragantarme mínimamente. El tipo suspira, y parece que va a correrse muy rápido. Pero antes me pide que me baje los pantalones y los calzoncillos. Susurra con un tono dominante.
Intento recordar los ejercicios de dilatación, la relajación, el control de la respiración. De todas formas es un pene fácil, pequeño y, lo más importante, delgado.
–Chico… Uf… se nota que has pisado pocos despachos…
En realidad no soy de culo estrecho, pero cuando no llegas a los treinta años les gusta pensar que eres semi-virgen. (Esta vez no hay condón.) Al fin y al cabo soy hetero, y eso es lo que más les suele gustar. Incluso un homosexual debería fingir que no lo es, porque quieren esa clase de esfuerzo, sumisión, porque eso es lo que valoran, y claro, lo que les pone cachondos. Las empresas no quieren que sonrías y te corras como un gorila manchándoles el parqué. Quieren que hagas lo que tienes que hacer. Es una parte esencial de la entrevista, aunque hoy Tupac haya tenido la amabilidad de asegurarme que ya estoy contratado incluso antes de la Prueba Física.
Después de un par de minutos de culeo poco enérgico, me da un cachete, señal inequívoca de que quiere correrse en mi boca. Me posiciono, la abro y saco la lengua; espero paciente a que el hombre se sacuda esa sardina empresarial. Mi futuro. No puedo verle la cara desde mi posición, la panza se derrama sobre su vello púbico. Huele a sudor, y también un poco aún a la sangre de Hugo. Gruñe como si fuera a sacar alambre de espino por el pene. Lo estruja, ya casi flácido. Sacude y sacude, ya no parece tanto perseguir un orgasmo como trabajar para lograr un reto.
Finalmente, salpica un par de gotas muy pequeñas y calientes, ambas caen en mi mejilla derecha. La punta del pene queda babosa, pero la corrida se ha limitado a lo dicho.
El hombre se apoya en la mesa con la mano derecha. Resopla como después de un agotador trance.
–Uf… Chico… Uno no siempre está para estos trotes…
Me pongo en pie.
–Es comprensible, señor.
Tupac se mete la polla en los calzoncillos y se abrocha los pantalones.
–Pero no te preocupes. Tú lo has hecho bien.
Las dos gotas de esperma me bajan hasta el cuello. En ese momento entra la secretaria (que parece que sepa siempre en qué momento debe presentarse). Lleva un paquete de Kleenex. Como si fuera una enfermera o algo por el estilo, saca uno y me limpia la cara.
–Gracias, Clarita. Dale la bienvenida al chico. Ya tenemos el nuevo empleado que necesitábamos.
La mujer de mediana edad me sonríe de un modo fugaz. Hace una bola con el kleneex, y antes de volverse a ir como una bala, me dice mirándome a los ojos:
–Enhorabuena. Y bienvenido a la firma.

gradua

He decidido que voy a convertir este blog en una especie de caos, donde todo pueda tener cabida y cada post pueda funcionar por sí solo. Al fin y al cabo, va a ser lo que en realidad eran los primeros blogs escritos. Decidí llamarlo ‘Gimnasio Letras’ y seguirá manteniendo el mismo nombre. Y de hecho seguirá habiendo textos puramente literarios, o abstracciones o cuentos o lo que se tercie. Quizá también recupere relatos escritos hace mucho tiempo y los publique después de una revisión. Por lo demás, es posible que también hable de cine, música o cualquier otro asunto (ya sea más o menos desde la ignorancia; cabrear a los puristas o académicos siempre es divertido, y yo no cobro como los tertulianos de la tele…). Hago esto porque el que considero mi blog principal (Proyecciones blog), en lo que a escribir ficción o desvaríos se refiere, siempre ha sido en realidad mi gimnasio para practicar, experimentar y hacer probaturas, de modo que es absurdo pretender que en este blog vaya a ir más allá en eso de lo que ya voy en el otro.
No sé cada cuánto se actualizará, pero la intención es reactivarlo, ya que veo que, ya sea más o menos de rebote, siguen llegando visitas, y no pocas teniendo en cuenta que el espacio lleva mucho tiempo abandonado (o con una actualización cada cinco meses…) y que esto no es youtube…
Ya sabéis cómo va esto, es otra ráfaga de actualizaciónes hasta que llegue otro parón o sencillamente el abandono definitivo del blog (no creo que me tome la molestia de cerrarlo nunca), pero en lo que a mí respecta el medio me sigue valiendo para aprender y seguir escribiendo. A ver cuánto dura esta vez el ciclo.

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