Una foto

Esto va otra vez sobre la misma chica.
–¿Qué te ha pasado, tío?
–Deberías ver al otro tipo.
–Entiendo.
–No. Está perfecto, sin un rasguño, saludable y sonrosadito, como recién duchado, relajadísimo…
–¿Y quién era?
–Pues no sé, pero se parecía la hostia a mí…

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Sexo con amputados

La gente que acusa, que habla de perdedores, seguramente sea la clase de perdedor más común, más masiva. No hay como ser mediocre entre mediocres, pero nunca lo reconocerán. Y aún no se ha dicho nada de verdad sobre mí, sobre ti, no les importamos: quieren algo de nosotros, pero nada de nosotros. Lo que viene en la buena lírica, en la buena poesía, no vale nada; o mejor dicho, es lo único que vale algo de verdad, pero ya está fuera, se despejó la incógnita, porque era demasiado incómoda, muy farragosa de gestionar, y si levantabas la voz al respecto se limitaban a mandarte callar, a echarte de clase. Y además ya no vale tampoco un pimiento la verdad, ni lo cercano a la verdad, ni lo profano a lo oficial. La dignidad ya es el fantasma de las navidades pasadas, hay una nueva dignidad, reluciente, y también sintética. Ahora solo dibujas algo de retórica, o te plantas algún principio bajo la piel con tinta, y eso es todo. El listón de la alegría ya está a la altura de las hormigas, y lo transportan con gracejo hacia el hormiguero, y mientras tanto nos conformamos con ver lo graciosas y organizadas que son, como si no nos estuviéramos mirando en un espejo. ¿Nos estarán mandando algún mensaje? Pero no hay iconos, no hay ruido, no hay marketing, la naturaleza es demasiado confusa y orgánica. No queremos eso; te despistas y te podrías volver humano, y entonces ¿qué mierda vas a hacer?, ¿cuestionarte algo? ¿Desde cuándo eso ha traído nada bueno? Quizá algunos lo consiguieron (ahora sin duda disfrutamos de sus inventos…), y sin duda muchos de ellos fueron considerados trastornados… ¿Y quién quiere esa clase de vida? Hay cientos de escobas para barrer la mierda bajo la alfombra; fechas venideras, caras de bebés propios, pisitos tan monos con vistas tan apropiadas que dan ganas de tirarse por la ventana. Nóminas tan pulcras. Tanto entretenimiento, nuevos medios, más medios, avances no hacia adelante, sino laterales, pero ¿a quién le importa eso? ¿Y a qué viene todo esto? … Y lo curioso es que… aún sobrevive el sexo. El sexo es desconcertantemente natural, antropológico, a menudo desordenado, húmedo, directo, algunas veces incluso –y aquí no quisiera herir sensibilidades–: ESPONTÁNEO. Esa palabra… Hacer algo por impulso, casi sin pensar, sin estudiar tres o cuatro o veinte años antes de llevarlo a cabo… y que aun así se pueda hacer bien… El sexo… Quizá no siga siendo notoriamente tabú por los motivos más populares, quizá lo sea porque es vergonzosamente Humano…; de repente todos podrían follar. No hay selección, no hay académicos ni jerarquías. Todo, en el mundo que se cree a sí mismo evolucionado, es igual que la presentación de una frutería. Las clases, la Formación, tus documentos oficiales: todo lleva a hacer una selección de manzanas, naranjas, melocotones idénticos, tratados, de aspecto pulcro, homogéneo, mientras se siguen desperdiciando toneladas y más toneladas de fruta en buen estado, incluso deliciosa, golosa y perfectamente sana y comestible. ¿Y en el sexo? Hasta los obesos follan, hasta los considerados feos, hasta los pobres y las tribus perdidas. Qué descontrol, qué verdaderamente extraño es este fenómeno. Hasta dos mendigos podrían follar. Hasta los antiestéticos amputados. Hasta tus padres follaron. Incluso –Dios bendito– los míos… ¿Qué vamos a hacer con eso? Encima además es placentero…; quiero decir, es algo en general respetado y a la vez placentero (mierda santa…). No es como el resto de actividades semejantes a echar traguitos de cianuro que dicen te aportan dignidad. ¿Cómo cuadramos esto? ¿Qué pensarán las hormigas?

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1001 maneras de lanzarte al retrete y tirar de la cadena

Hemos estado pensando intensamente en qué nombre ponerte, David. A mí me gustaba, pero al final nos “decidimos” por Rafael, que era el que le gustaba a tu madre, y a su vez el nombre de tu abuelo, fallecido en un accidente al invadir el óvulo de su mamá y morir 81 años después. Luego has nacido y has conseguido matar el aburrimiento, pero no se lo digas así a tu progenitora; hay tantas cosas que callar que pronto aprenderás que es mejor –en general– permanecer en el ostracismo. Te hemos ametrallado a fotos, creo que ya hay más fotos tuyas de bebé que de Michael Jordan en toda su vida. Y no solo de bebé, los años pasan rápido, la cuenta de Facebook de ya-sabes-quién haría las delicias de cualquier pedófilo. (Pero tú chitón…) Cuando sonríes tenemos la sensación de haber hecho algo bien, quiero decir por primera vez, es fácil olvidar que llegaste para acabar con el gusano envenenado de la reciente convivencia… Luego has hecho cosas como comenzar a caminar, y aunque no es culpa tuya, los artículos para niños pequeños son un atraco económico a mano armada. Da igual si son de primera necesidad o no, y a veces es difícil saberlo (no para ella, dice ella…). Has estado también por la guardería, claro, te cuidaba una chica de veintipocos que tiene mucho éxito entre los padres, y hasta ha provocado alguna crisis existencial en alguno. (No todo se puede solucionar con la masturbación, pero eso ya lo irás aprendiendo.) He visto, además, que muchos otros papás y mamás han hecho lo mismo que nosotros (y por los mismos motivos), y ahora se quejan de no tener tiempo libre y demás, aunque siempre con una exculpatoria sonrisa, claro. Hay tantas clases de amor que ya los hay de varios tipos que son más bien adulterados, y algunos muy sofisticados y complejos. No es que haya padres que no quieran a sus hijos (espero), pero lo que parecían querer, sobre todo, era tener otra propiedad (lo siguiente a enseñar después del piso), esta vez orgánica, sin que fuera más plantas, perritos o gatitos de postal. Nos han dicho que eres despierto y muy creativo, incluso pro-activo. No hay muchos niños pro-activos –nos han aclarado–, y luego yo he preguntado a la veinteñaera qué significaba eso, y tu madre me ha echado bronca, porque he hablado en uno de esos momentos en los que había que callarse. (Luego la he cazado buscando el término en Google…) Dimos en adopción a Ruski, por cierto; ahora vivirá con mi hermano, tu madre creía que te mordería en el cuello o tendría algún tipo de psicosis celosa perruna. En todo este proceso, he estado pensando en muchas cosas cuando no llorabas e intentaba recuperar el sueño. Pronto comenzarás la Primaria y tu educación estandarizada. Tu madre está eligiendo colegio, está emocionada (intenta hacerme creer que lo hacemos en equipo). En fin. Ha sido un placer, hijo mío.

snoop

Invito patre sidera verso

Contra las diez preguntas decido levantarme y afilar el lápiz porque no es examen sino control. Contra Dios decido salpicar. El reservado azul es para Ella, el rojo para las demás. La cursiva es para remarcar a quien soy de verdad, ‘La estaca’ de Richard Laymon me hizo despertar. Las comillas relativizan las máximas a pronunciar. Se están viendo demasiadas cucarachas nocturnas corriendo por la cocina y ya no es cuestión de limpieza. “Quiero a todo el mundo” y quiero poner eso en pie. Quiero saber cuándo estoy mirando a un cadáver y así rápidamente dejar de escuchar. Contra la pena impuesta recurro con argumentos propios. Contra los deseos de mis mayores estudio las estrellas.

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Necesidad de metralletas

Nunca voy a ser ese tipo que se pasa el verano en chanclas y camisetas de tirantes, mi felicidad no es lo suficientemente estable para eso; puede que tampoco sea lo suficientemente ignorante en ciertos aspectos, eso no ayuda. Necesito comodidades tecnológicamente más complejas, y no me hace gracia ni me apetecen siempre el sol y la arena, no me parecen cómodas las playas diurnas, y me molestan los petardos en San Juan. Ahora mismo prácticamente no puedo pensar, es por el calor, lo que otros llaman Buen Tiempo tiene en mí el efecto que tiene en una fruta demasiado madura, a poco de pudrirse de 3 a 5 de la tarde. He aceptado este trato, no he querido forzar, de modo que la chica seguramente se irá con el tipo de chanclas y camisetas de tirantes, y yo podré seguir regodeándome en mi victimismo o como lo llame él (pero insisto, a los 35 grados les llama Buen Tiempo…). Como sea, a veces echo de menos el que donde vivo no se pueda comprar una metralleta en la vuelta de la esquina. Por suerte están las noches, que me calman; no es que no puedan ser pegajosas también a su manera, pero es factible un paseo nocturno para despejarse; a veces tengo la esperanza de topar con un atracador, puede que darle charla si está receptivo, que se quede lo que llevo encima, tampoco suelo llevar gran cosa. Podría contarle que a veces creo que sois todos gilipollas, y que entiendo al atracador, entiendo que no haya querido tragar y que no considere peor atracar que madrugar. Hay quien jode el mundo a base de madrugones. Le preguntaría si él tiene armas de fuego, que si las ha utilizado. Solo sería un acercamiento al lado oscuro, pero ya sería más de lo que la mayoría están dispuestos a experimentar. La mayoría evitan hasta tal punto el riesgo que son perfectamente capaces de vivir solo cinco minutos de verdad en toda una vida. Lo que hay al otro extremo de las armas de fuego es igual o tan malo. Yo al menos podré salir corriendo con mis zapatillas, podré pillar el autobús, huir del atracador que no sea sociable, y hasta rondar por la playa, por la noche, sin gente, sin sol, sin necesidad de metralletas.

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Esa humildad

Las rarezas, todo es raro, es ese tipo de gente que ve rarezas por todos lados. Todo es raro, un montón de películas, los sitios, las culturas, el arte, no se entiende, un montón de personas son raras, y de animales, y de países, y de inmigrantes y de emigrantes. Todos son raros, se comportan raro, hacen cosas raras y hasta hablan raro, son tribus, son rebuscados, son culturetas o frikis o retrasados, son unos capullos, son raros. Son gentuza y comportamientos que no tienen sentido para el respetable Ser Común, porque son raros, son producto de algún tipo de desvío mental, de danza viral, de locura insana. Todo lo que no haga tu novia la bailonga o tu novio el sencillito, todo eso es raro, hasta peligroso, zona de minas, colores extraños, poemas retorcidos, belleza enferma, excusas en pos de la creatividad sin base, sin formación, sin explicación. Todo ese rollo es raro de narices, hay que apartarlo o ningunearlo o enjaularlo; ya hemos estipulado qué es cultura y qué es buen Comportamiento y cómo y cuándo y qué y quién y para qué. Y todo lo demás es raro, contraproducente y antiproductivo. Todo es raro estando más allá de tu móvil y de Chico conoce a Chica. Todo es feo si no es tu pisito, tu mascota y tus flexiones y abdominales. Todo es guarro en la cama durante más de tres minutos y dos posturas excepto dormir. Todo es malicioso si es de noche, y bienintencionado si se practica de día. Todo es penoso si no se madruga e irresponsable si no se sangra. Todo es tan jodidamente raro, y tanta gente quiere ser rara, y es desesperante, porque no hay modo de salvarlos, son la escoria, la lava y la corrosión saliente del volcán imparable de las rarezas y los tíos raros y las tías putas y las familias disfuncionales, intoxicadas y orgullosas.
Y algunos dicen que no ven tantas rarezas, sino solo caracteres y respetables diferencias, lo aseguran, insisten en ello con tal firmeza, dicen tener tantos amigos de todas las clases (gays, negros, catalanes, etc.) y tal apertura mental y tamaño del corazón… Y luego quieren al chico mono o a la reina aria del baile (¿cómo culparles?). Ni siquiera eso, quieren al chico normalito, o a la amiga de la reina del baile. Ni siquiera eso; quieren ser del montón, aún más, administrativos en todos los sentidos, numéricos, un punto móvil más del hormiguero, y sacar esa media hora diaria, y comentar sobre lo raro, y sobre lo muy receptivos que son en el fondo, y humildes, muy humildes, aun teniendo que lidiar con toda esa gente rara, rara, y más rara.

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El ejército normal

Soy normal y neutro porque es lo normal, tan normal que somos legión, y no estamos dispuestos a pensar así como así. Tenemos preparación y podemos llevar a cabo todo tipo de actividades. Di lo que quieras, pero dominamos el mundo y amamos todos los vallados. Soy imparcial –en general– excepto con lo insustancial, hago cosas normales, no llamo la atención si no toca llamar la atención, me adhiero, follo con normalidad y mantengo al día al resto de seres normales sobre ello (explícita o implícitamente). Alimento amistades normales con fechas normales de reunión, me abrigo normal según qué ponga en el calendario. Crecí normal, haciendo cada cosa a su tiempo según me dijeron cuándo debía de hacer qué. Fui un niño normal, aplicado y algo revoltoso, hice la comunión y no me acuerdo del bautismo. Hice hasta mecanografía. Con máquina de escribir. Soy tan normal que controlo mi vocabulario casi sin tacos y visto siempre según la ocasión me dicen lo requiere. Conocí a una chica normal y salimos de modo lógico, tres citas antes de tener sexo y luego asentar sentimientos normales y reposados. Hicimos un cálculo para el filtrado de nuestro enamoramiento. Dijimos “con calma”, contestamos “aún no nos planteamos eso”; nos instalamos en un piso normal. Yo treinta y pocos y ella veintimuchos. A veces vamos al cine a entretenernos cuando no sabemos qué más hacer. Nos gusta leer, pero sobre todo cuando un libro tiene realmente éxito, por asegurar el tiro. Cenamos fuera tres veces a la semana, viernes, sábado y domingo; a veces el domingo no. Hemos mecanizado nuestra forma de socializar, normalmente con otras parejas normales, casi siempre cenando y a menudo comentando cuán normales somos en contraste con otros que ya quisieran serlo. Soy tan normal que ya ni soy consciente de decir cosas como Buenos días o Voy a sacar al perro. Tenemos un perro, claro, se llama Común. Nos turnamos para sacarlo a pasear por las mañanas temprano y luego al atardecer. Es porque amamos los animales y la naturaleza. Común es nuestra transición hasta nuestro primer hijo, aunque esto por supuesto no es algo que verbalicemos. Que seamos normales, además, no quiere decir que no seamos modernos. Vivimos y copulamos bajo el mismo techo sin habernos casado. El plan, de lo más aceptado y en nuestra opinión original (dentro de ciertos márgenes de normalidad respetables), es que nuestro primer hijo nos traiga los anillos en la boda.
Como tipo normal que se precie, no soy racista en la versión oficial, aunque lo soy, de un modo vago y típico de clase media. Lo soy, digamos, al mismo nivel que lo es mi madre. Mi novia lleva esto al paroxismo, puede enfadarse conmigo si bromeo por la calle al ver a un moro o un negro, y a la vez regañarme si la dejo sola cerca de uno o le doy limosna a uno. No somos racistas, pero del modo más normal. Lo mismo pasa con la homosexualidad; la respetamos, pero no nos parece normal, no abunda en nuestro entorno que sepamos, de modo que para nosotros levanta suspicacias. ¿Tanto cuesta ser normal? De hecho esa es la clave, ser normal requiere de mucho sacrificio, demasiado para que nos parezca bien que alguien quiera hacer otras cosas, ser de otros colores o follar de otras maneras. Somos comprensivos, pero no nos vamos a cansar de señalar lo anormal. Tu color ha de ser claro, debes follar con el otro sexo, debe darte por culo tu trabajo, has de ser educado con normalidad y has de unirte al ejercito. Sabes que cualquier otra opción te va a llevar por el camino de la amargura. Además de que no es normal.

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Visible desde el vagón de cola

Experto encajador de miradas extrañadas, y muy depresivo a veces por lo que potencialmente pueden significar esas miradas, pero por suerte sin que las mismas condicionen las acciones. Dolorido a menudo, algo habitual desde hace años, desde un poco después de no encajar en el llamado camino inteligente. Aprensivo con muchas más cosas de las que parece. Quizá más querido de lo que cree, pero en muchas ocasiones una fase, una cosa rara del pasado de algunas personas, puede que una conversación a menudo sobre cómo no hay que hacer las cosas. Suicida de fantasía sin narices para tal plan. Recorriendo a saber qué falsos atajos; para un mal día basta con no tener tabaco, con tener que superar alguna historia de rutina, y así luego algunas enfermedades resultan diez veces más jodidas, las físicas y las emocionales. Escribiendo para que no se entienda, o para entenderse solo él mismo, o para dar pena, o sólo –y esto, para bien o para mal, pasa cada vez más menudo– para hacer tiempo o por dinero. O, aún a estas alturas, sobre Alguien* que ya solo es otra de esas personas con tetas que está por delante, y para cuyos pensamientos presentes seguramente solo eres Aquella Cosa Extraña, indefinida del pasado. Da bastante asco la auto-nostalgia o como queramos llamarlo, como en los blogs que dan asco y se dedican a la auto-nostalgia o como queramos llamarlo. Según la opinión madura, el tren ya ha pasado. Hablan sin parar de ese tren. Pero cabe la sospecha de que no sepan que a veces llegan más (y a veces iguales), porque ellos se obligaron a coger el primero que pasaba. Era lo inteligente, lo maduro, lo matemático. Eran los chicos 8, los 9, las chicas 10, los listos, las putillas de diseño y los gigolós de oficio, los animales de oficina y el Futuro.

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