Fantasmas

El hombre moderno cree que ha inventado el odio, la burla, la misoginia, cree que las creó haciéndolas pasar por cables y por aire. Cree que creó la violencia y el sexo, la mutilación y la ablación. Cree que el reflejo es realidad, que la provocación es materia prima y cimientos, que la dignidad viene bien empaquetada. El hombre y la mujer creen que del pasado solo queda lo que se encuentra en algunos libros. Creen que la risa es peligrosa si no oyeron el chiste ya cien veces. Creen que pensar ha de ser dinero, que el bufón es poco fiable y que las firmas son promesas irrompibles. Creen que han de llevar la camiseta de algún equipo con todo, y aun así que la unión hace la fuerza. El hombre moderno no solo tropieza siempre con la misma piedra filosófica, ama esa piedra, ha edificado con esa piedra y construye con esa piedra con la que ya lo hicieron padres, abuelos y bisabuelos. El hombre moderno piensa a la moda y combate enemigos invisibles que caerían derrotados solo con silencio. El hombre y la mujer modernos no solo son esclavos de su época, además creen que las ideas son amenazantes en sí mismas, perciben ilusiones de toxicidad eterna donde no hay más que pelusas que se lleva el viento dejándote solo un leve (y hasta a veces agradable) cosquilleo. Dicho ser puede temerle a un logo, una marca, un cómic, una peli, un anuncio, condenarlo y culparlo, y justo luego seguir siendo la misma clase de consumidor. El honorable hombre moderno tarda unos 80 años en coger la pistola, cargarla, apuntarse a la sien y dejar el mundo exactamente igual que se lo encontró. Todo tras haber seguido insistiendo en los mismos enfoques, teorías y un sentido del humor que es justo el que caracteriza su falta del mismo. Para el hombre moderno hay ofensa si no hay mamada, hay desgracia si no hay felicidad, hay solo hombre o mujer, solo sí o no, solo listo o idiota, solo libre o preso, solo negativo o positivo. Solo en mi contra o a mi favor. Solo mi entorno o la inexistencia. El hombre moderno localizará los motivos que le hagan parecer mejor, y luego hará apología de ellos aunque pierda la perspectiva sobre cualquier asunto; celebrará cada año el aniversario de su integridad por ser así, y se medirá la polla o la estrechez de la cintura sin acordarse otra vez de lavar las sábanas ya asquerosamente acartonadas de la historia.

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