Un judío llamado Dezso Adler

Un judío llamado Dezso Adler se levanta un día con (aún) cierto vigor, dispuesto a cumplir con sus tareas. Al llegar al patio de trabajo, mira al nazi armado en su torre. El nazi le señala un yunque, le dice que su tarea hoy es llevarlo de A a B. El judío, en pos de sus obligaciones, acarrea con el yunque esforzadamente. El peso le doblega, pero el día es soleado y decide que la felicidad no es una consecuencia, sino una opción. De modo que saca fuerzas de flaqueza, arma los músculos y sonríe echando un vistazo al hermoso cielo de Auschwitz. Su mejor amigo, Nandor Altman, también afinado en el campo de concentración, pone morros continuamente y se queja, no para de quejarse, no acaba de entender qué hace allí y por qué es tan importante que estén todos allí. Esto irrita a Dezso, al que siempre le irritan las personas quejicas como Nandor. Ambos llegan con sendos yunques a B, y los depositan con resoplidos en el suelo. Entonces miran al nazi en su torre. El nazi asiente y les dice que ahora tienen que cargar el mismo yunque otra vez hacia A. Dezso pregunta si es que ha habido algún error, y que él está dispuesto a mejorar si es que el error ha sido suyo. El nazi hace una mueca sin contestar. Al día siguiente, Nandor Altman acarrera con su yunque, esta vez solo. Al anochecer, encogido en su camastro junto a tres compañeros más, coge sueño mientras trastea con tristeza en su Iphone, y va pasando las fotos del perfil de Facebook de Dezso, la mayoría de su gato: Adolf.

perro

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